martes, 1 de agosto de 2017

Incertidumbre



Estoy aquí, contemplando a través de un empañado cristal un paisaje sombrío, aun no ha cesado de llover, motivo por el cual mi alma se halla inquieta. El teléfono no ha sonado, me agobia no tener noticias.



Espero con ansia salir de este exilio que amenaza con volverse permanente, mi mente no deja de pensar en ello, pero una vez que suceda… ¿Qué pasará más adelante?, ¿Qué voy a hacer?, ¿Cómo reaccionarán los demás?



Las dudas y la incertidumbre no cesan de invadir mi cabeza una y otra vez, sé que hasta que no enfrente esta situación no me dejarán en paz, ¿Por qué no me llamas?, ¿Qué está sucediendo?, estoy dando vueltas de un lado para otro y ya no sé que más hacer.


Por fin dejó de llover, la noche ha teñido de negro el firmamento, el cielo está despejado, la luna puede apreciarse a plenitud, su luz baña a la perfección el bosque que rodea a esta cabaña, por alguna extraña razón me siento más tranquila aunque no pueda ni podré dormir, sé que éste es el momento que estaba esperando.



Las horas transcurren sin que me dé cuenta, antes de que los primeros rayos que anuncian el amanecer salgan, aprovecho para emprender una larga carrera atravesando el bosque, a mi regreso me subo al techo de la casa para contemplar el despuntar del alba, la mezcla de colores es magnificente, definitivamente dejaría sin aliento hasta al más insensible, justo cuando la luz del día está en todo su esplendor decido entrar.



Al parecer he calculado bien el tiempo, apenas entré y el teléfono sonó, lo contesté sintiendo una inexplicable agitación en todo mi ser, las noticias no son buenas pero tampoco son del todo malas, a pesar de mi desasosiego escucho los informes con la debida paciencia, al cortar la comunicación la inquietud que sentía en un principio ha vuelto con más fuerza, estoy más conflictuada que nunca, necesito hablar con alguien.



Después de darme un baño y cambiarme de ropa he conseguido despejar un poco mi mente, él ya está aguardándome en la estancia, nos abrazamos nerviosamente, tengo la sensación de ha venido por mí para encontrarme con mi destino, ha llegado el momento de hacerle frente, luego de empacar lo necesario, subimos al auto, el camino será largo, ni él ni yo podemos hablar, para mí será más difícil enfrentar lo que vendrá a continuación, pero él no me abandonará y me apoyará en todo momento. 

Estoy absolutamente segura de ello...










domingo, 30 de julio de 2017

Ángeles en la nieve

El inspector Kari Vaara, detective en jefe de una pequeña comisaría de policía de un pueblo adentrado en la Laponia Finlandesa, protagoniza esta historia. 

Justo en la entrada del Kaamos (la noche polar, 24 horas de oscuridad que significa en la parte más al norte de Finlandia, en el círculo polar ártico, el sol no se verá durante dos meses), aparece el cuerpo de una hermosa inmigrante somalí crudamente mutilado abandonado en un solitario campo nevado.

El crímen presenta características similares al asesinato de Elizabeth Short, La Dalia Negra, pero el distintivo que presenta y llama la atención del detective es una marca racial en el pecho; por lo cual se sospecha un crimen por xenofobia y la investigación debe llevarse a cabo con toda la discreción posible.

Escarbando en el pasado de la víctima, era una modelo conocida y actúo en algunos filmes de bajo presupuesto, en sus avances da con un sospechoso principal: el actual marido de su ex esposa. Kari Vaara tendrá que enfrentarse con su propio pasado, ayudar a su actual mujer estadounidense Kate a adpatarse al difícil clima ártico y a la cultura del silencio y soledad que impera en Finladia.

James Thompson, autor norteamericano asentado por amor en tierras finesas, nos relata esta historia del género policiaco que ha sido un hit en áquel país. En una entrevista afirma que el crimen en la nación es muy diferente al de otras latitudes, no se mata por dinero, se hace por celos, por despecho, o, por un estado de exaltación producido por el consumo excesivo de alcohol, algo muy común en su población.


viernes, 28 de julio de 2017

Gustos culposos

Son esos placeres que nos resultan inconfesables pero en realidad no tienen nada de grave, inclusive llegan a dar risa.

Van desde: una muy mala película, una saga literaria sobre inmortales que raye en lo cursi, ¡ejem!, algún género musical que nunca admitirías que en ocasiones tarareas pero no tendrías por nada del mundo en tu play list, ese platillo sumamente calórico que tu dieta no lo permite y para acabar, esa persona que en apariencia, aficciones e ideologías no van contigo pero, ¡caramba!, vaya que te mueres por dártel@.

El mío lo recuerdo con agrado, iba en la preparatoria, yo era la chica culta, soñadora romántica de clóset pero casi siempre salía a relucir el lado cínico que podía ser sútil y muy hiriente cuando es necesario, la verdad aún sigo siéndolo.

En ese entonces era la amiga de la chica a la que se le estereotipaba como fresa y popular, al verme con ella me clasificaban igual hasta que se tomaban la molestia de conocernos mejor se daban cuenta de que éramos buena onda.

Y ahí estaba él, el chico skate cuyos graffitis eran obras de arte, tenía una risa boba pero una mirada de grandes ojos oscuros en los que se leía profundidad de sentimientos y esos 1.80 de estatura hacían temblar a mis 1.60 de aparente seguridad y sarcasmo. La prepa se nos fue en un constante suspirar, miradas, sonrisas coquetas y nerviosas, no sé que nos detenía pero de haber coincidido en un viaje de práctica seguramente hubieran pasado muchas cosas. Él salió un semetre antes y me dejó una nota:

"Podemos tener muchos sentimientos el uno por el otro pero no terminaría bien, eres ese gusto culposo que es mejor que se quede así", a partir de ahí le perdí la pista para siempre.

Más o menos por estas fechas pero del año 2012 se me ocurrió de repente buscarlo en Facebook, para mi sorpresa tiene un perfil, le mandé solicitud y un mensaje, claro, omitiendo la parte de la atracción de hace años, hasta la fecha; o sea, cinco años después no me ha contestado, quizá siga creyendo lo mismo.

















miércoles, 26 de julio de 2017

Crónica de una condena (Flor de Luna)

LA LLAMADA

Ciudad de México, Viernes 06 de Abril 2012
12:30 am

Me encontraba frente al monitor de la computadora transcribiendo y ordenando algunos textos cuando sonó el teléfono, no me extrañaba recibir llamadas en la madrugada pero sí me extrañó que fuera él.

No le había contestado el correo puesto que me surgieron imprevistos así que dudaba que pudiese asistir al evento del inicio del solsticio de verano al que me habían invitado en París. Transcurrieron meses en lod que ni siquiera pude tomarme unos momentos para escribir, donde sólo revisaba y contestaba correos del trabajo, en que me limitaba a preparar mis clases, afortunadamente concluí mis pendientes y decidí aceptar la invitación.

Justo me concetraba en mi transcripción y acaba de enviar mi confirmación de asistencia cuando contesté el teléfono y reconocí su voz:

- Agradable sea tu madrugada- saludó con frialdad.

- En otros tiempos serían buenos días- contesté de igual modo.

- Ya no existen esos tiempos- rezongó.

- No, ya no, confirmé mi asistencia, estaré a mediados de junio en París- proseguí.

- Intuí que así sería- apuntó.

- ¿Me podrías adelantar algo?, ¿cuál es ese tema tan importante a tratar?- quise saber.

- Información escandalosa; por lo tanto, clasificada- asestó.

- Vaya, sí que sabes hacerte el interesante, has conseguido intrigarme en serio- dije sin rastro de emoción.

- Te dejaré toda la información, a mí ya no puede servirme, voy a pedirte un favor especial, eres la indicada, dado a que tuvimos una historia- recordó.

- Fue hace siglos, ya no existe un lazo fuerte entre nosotros, no crees que dadas las circunstacias, ¿tu creadora sería la ideal para llevarlo a cabo?- sugerí. 

- Ella ya pasó por una situación similar por si no lo recuerdas, no quisiera que alguien más se enterara, sé que puedo confiar en ti y también estoy seguro de que tendrías la suficiente sangre fría para hacerlo- reconoció.

Me dí una idea por dónde iba el asunto, si era lo que yo imaginaba entonces tenía razón de peso para pedírmelo, para él la existencia como la habíamos llevado ya no tenía sentido.

- Nadie más lo sabrá y no trataré de convencerte de lo contrario, te lo debo- concreté.

- Hasta entonces, llamáme cuando llegues, iré por ti cuando termine tu evento, gracias- se despidió.

Al colgar sentí un vacío profundo, tuve ganas de hablar con alguien y contarle mis suposiciones pero no podía hasta que sucediera lo que tenía que suceder, tendría que aguantar el impulso de contárselo todo a mi guardiana celta del bosque, a mi eterna compañera.



 

lunes, 24 de julio de 2017

La magia oscura

Gregori, El Taciturno, uno de los miembros más poderosos del pueblo carpatiano, una raza legendaria con un fabuloso e increíble don para la curación pero si no encuentran a su pareja eterna, pueden ceder a la más oscura de su naturaleza: un vampiro.

Por eso va en busca de Savannah, una joven a quien el destino eligió para convertirse en su compañera, sólo que ella abrumada por su poderosa presencia, le pide un plazo de cinco años para vivir independientemente en el mundo humano, pero el tiempo les pisa los talones y la oscuridad permanente está a punto de apoderarse de su alma y otros peligros los aguardan entre vampiros y una sociedad secreta de humanos que está empeñada en cazarlos.

El título de La magia oscura es parte de la saga Cárpatos/Oscuros creada por Christine Feehan que consta de 30 historias.









Juramento carpatiano:"Te reclamo como mi compañera.Te pertenezco. Te ofrezco mi vida.  Te doy mi protección, mi fidelidad, mi corazón, mi alma y mi cuerpo.  Tu vida, tu felicidad y tu bienestar serán lo más preciado y estarán por encima de todo siempre.  Eres mi compañera, unida a mí para toda la eternidad y siempre bajo mi cuidado”

jueves, 20 de julio de 2017

Me golpearon los recuerdos

Ayer me sentía mal, como si tuviera resaca, me extrañó puesto que había dormido bien y no había tomado nada de alcohol (ya ni cuando lo hago amanezco así), después de tomarme un té verde con miel que en algo mejoró mi estado y fue cuando me topé con un escrito que en verdad me movió muchas cosas y de nuevo el malestar se apoderó de mí.

El periódico el Gráfico en ocasiones me parece muy amarillista pero debo aceptar que hay buenas notas, en especial confieso mi gusto y admiración por el Diario íntimo de Lulú Petite y la columna El manual para canallas de Roberto G. Castañeda.

De éste último autor, leí una que se titula "Nos están robando hasta el sueño", bastante depresiva, desesperanzadora pero muy en el fondo sabemos que encierra crudas realidades.

Una  ligera punzada en la sien me llevó de golpe a 8 años atrás en mi existencia, cuando me daba por escribir cosas de ese estilo, cuando no le veía sentido a nada, cuando precisé de una experiencia casi mística para volver a la vida, cuando definitivamente limpié mis cajones, rompí y quemé lo que fue necesario.

A hora procuro no llevar a cuestas cargas innecesarias ni guardarme cosas que no tendría por qué, aún reservo algo de sutileza cuando es necesaria o cuando y con quién me dé la gana emplearla, la verdad es que no cualquiera la merece, o más bien, no cualquiera se gana las netas tal cual son.






martes, 18 de julio de 2017

Crónica de una condena (Flor de Luna)

E-MAIL


Ciudad de Nueva York, Martes 07 de Febrero 2012 
11:45 pm

Leí por segunda vez su correo, de no conocerlo un poco hubiera creído que era una broma; pero no, siempre había hablado en serio, era demasiado frío como para hacer una.

Desde hace casi 4 años no sabía nada de él, no habíamos tenido ninguna forma de contacto, por eso me extrañaba que quisiera verme, más preciso aún, que fuera a verlo a París, de algún modo había averiguado que tendría que ir de nuevo, estaba meditando esto cuando sentí que unos labios apenas me rozaron el cuello y nos dedos recorrieron delicadamente mi espalda, se había acercado con toda la intención de seducir pero el semblante le cambió enseguida al leer el correo.

-¿Piensas ir?- interrogó.

-Aún no lo sé, estoy sorprendida- contesté tratando de no darle importancia. 

-Quizá el sorprendido fue él al saber que tú y yo...-dejó la frase sin terminar, jaló una silla a mi lado, la conocía lo suficiente para saber que estaba entre confusa y molesta.

- No creo que el tema a tratar sea nuestra situación sentimental, no es del tipo que se inmiscuye en tales asuntos, además hace cuatro años que lo sabe- dije confiada.

- No sé, ya no puedo tener esa seguridad con él, ha demostrado ser impredecible- argumentó sin perder su enfado.

Admito que las cada vez más frecuentes ocasiones en que se ponía así me resultaban adorables e incluso chistosas, no pude evitar que se me escapara la risa y quisiera provocarla un poco:

-Tú, que a cada paso que das exudas sensualidad y apabullante seguridad, ¿estás celosa?- inquirí.

- Que bien que te cause gracia, no puedo ignorar la historia que hubo- recordó.

-También la tuviste con él- acerté.

-No con la intensidad que tú, podría afirmar que nuestra relación fue exclusivamente alumna- maestro- remató.

-De verdad, ¿nunca hubo algo más?, no me extrañaría, quedaste desamparada en una nueva e inverosímil situación, si se dio algo no tendría razón de recriminártelo- concreté.

- No, creo que lo único que logré fue que aflorara su instinto protector, sólo una persona consiguió que sintiera algo más que compasión y deseo- confesó.

- Y aún así acabó decepcionado, es un golpe del que dudo pueda recuperarse- finalicé.

Conocíamos toda la historia de cabo a rabo, en parte me sentía culpable, ya que la persona que por fin había conseguido al menos por un tiempo dejara a un lado su venganza fue descendiente mía, quizá esa culpa me impulsaba ir a verlo en lugar de convencerle a que me lo contara por teléfono, sentí que se lo debía.

-Entonces acompáñame- sugerí.

-Ya conozco París lo suficiente- rugió.

- No conmigo, la perspectiva de un lugar cambia con la compañía que tengas al lado- traté de suavizar.

- Está bien, te acompaño a la ciudad luz, pero de regreso, ¿podríamos dar una vuelta por los acantilados de Moher?

Ella había estado ahí más veces, creo que la última vez que estuve en aquel mágico sitio fue cuando nos conocimos, esos acantilados eran tal vez su única conexión con su vida mortal, sus recuerdos de esa existencia eran más escasos que los míos, por eso la entendía, lo mismo me ocurría cuando frecuentaba Teotihuacán o las ruinas del Templo Mayor.

-Lo que tú quieras- me rendí inevitablemente ante ella.

Nuestra relación había sido un constante estira y afloja a través de los siglos, todavía no confiaba totalmente en mí aunque no lo decía, no me perdonaba que me hubiese enamorado de un cambia forma, nahual para ser exacta y que creyera que pudiese ser mi pareja eterna, el porcentaje de fracasos amorosos entre nosotros era poco frecuente; pero no por eso, exento de suceder. El elemento principal que había mantenido a flote la relación entre la guardiana celta del bosque y yo, en definitiva, era, es y será: la paciencia mutua