viernes, 18 de agosto de 2017

Un oasis en el desierto. Parte 2

El plan original era reunirme con unos amigos para festejar mi reciente regreso al Cairo, me salí antes de casa para dedicar aunque fuera unos minutos a mi pasatiempo favorito; la observación, sí lo pude hacer, sólo que esta vez mi atención no la retuvo ninguna construcción, mi primer sentido en ser acaparado en esta ocasión fue el olfato.

Un fuerte olor a jazmines me atrajo irremediablemente, fui atraído sin rumbo fijo aparente, me detuve un momento, tuve un déja vu, esta situación ya había ocurrido en los jardines de Oxford, fue muy extraño porque la frangancia antes mencionada es más común en Oriente Medio, para nada en la lluviosa y fría Inglaterra. El evento sólo ocurrió tres veces, todas en la noche, jamás di con el origen del peculiar aroma, se disipó tan pronto como surgió, esperaba esta vez tener éxito.

Caminé por lo que me pareció un prolongado lapso de tiempo hasta que el olor me guió hasta el Bazar de telas Wekalet El Balah, me costó detectar con exactitud de dónde o de quién venía el hechizante aroma, sentí que me observaban, volteé a mi izquierda y por fin nuestras miradas se encontraron... Jalil Abbud.



 

miércoles, 16 de agosto de 2017

Un oasis en el desierto. Parte 1

Mi primera existencia vio la luz en 1931, en la ciudad que aún resguarda la última de las maravillas del Mundo Antiguo, a unos años de comenzar uno de los conflictos bélicos más sanguinarios que una vez más cambiarían al mundo. Un imperio caía, otro surgiría, un modo de vida terminaba, una gran mayoría lo sentiría como un triunfo y otros lo vivirían con nostalgia permanente.

Tuve la gran suerte de nacer y crecer en una familia de abundantes recursos dentro de una fe rigurosa que no permitía ser cuestionada, prácticamente mi destino ya estaba decidido: estudiaría Negocios Internacionales, tal vez en Oxford, incluso con quién iba a casarme.

Por éstas razones escapaba con frecuencia a las excavaciones de Giza, a las mezquitas, no porque mi fe estuviese muy afianzada, me fascinaban las construcciones, podía pasarme horas observando patrones geométricos, analizando estructuras y palpando los materiales de las que estaban hechas, incluso, debo confesar mi gusto por las mansiones estilo victoriano de los colonizadores ingleses.

Mi padre trabó amistad e hizo negocios con algunos de ellos, llegaron a invitarnos a algunos festejos por lo que tuve la fortuna de contemplar por dentro aquellos caserones. Jamás le confesé a nadie mi verdadera afición, fue cuando después de mucho meditarlo y lleno de orgullo por podérselo permitir, mi padre me envío a Oxford, Inglaterra.

En mis ratos libres me iba a la facultad de Arquitectura, hice varias amistades, intercambiamos conocimientos, quedaban sorprendidos con mis perfectos trazos de las construcciones islámicas, ya que con el tiempo fui desarrollando un gran talento para el dibujo, aprendí todo lo que pude, quizá no estaba estudiando mi pasión pero al menos ya contaba con buenas bases.

Tuve sentimientos encontrados en mi regreso al Cairo, por momentos aceptaba mi destino con resignación; por otros, me iba a lo más alejado de la civilización que me era posible a gritar con desesperación, entonces, en una de mis muchas tardes de huída, algo asombroso ocurrió... J.A 




domingo, 13 de agosto de 2017

La nieta de la maharaní

En esta novela se conjuntan las historias de cuatro mujeres extraordinarias para su época que vivieron grandes y tormentosos amores:

Anita Delgado, una joven malagueña bailaora de flamenco que por gracia del destino conoce al marajá Kumar Ajit Singh de Kapurthala, quien queda prendado de nada más verla, ella se resiste a casarse con él pero al poco tiempo acepta, se casan por el civil en París y luego se lleva a cabo la majestuosa boda bajo el ritual sij el 28 de enero de 1908 y tendría a su único hijo Ajit.

Laila, una mujer libanesa, independiente y rebelde que viviría una pasión prohibida con Atish, un escritor sirio y tendría una hija con él a pesar de estar casada en un matrimonio arreglado.

Zahra, hija de Laila y Atish que en un viaje a Londres, conocería a Ajit y tendría un tórrido romance con él, le arreglarían un matrimonio conveniente para ocultar su próximo embarazo.

Maha, fruto de la relación de Zahra y Ajit, es quién recopilaría estas historias, iniciando la búsqueda de sus verdaderas raíces, se enamoraría de la danza kathak del Norte de la India y del flamenco de Andalucía, aún sin saber lo estrechamente relacionadas que están con su origen.

Maha Akhtar es la autora de esta entrañable novela.








martes, 8 de agosto de 2017

A cuatro meses del blog... Y contando

Mes de Agosto, hermoso mes, ¡pues claro! Es el de mi cumpleaños, en donde nacen algunos geniales signos de Fuego y Tierra, un mes cálido, ¡vaya ironía! A mí que me encanta el frío, de hecho mi inspiración fluye mejor.

Agosto es uno de los meses del verano en que abre sus pétalos la flor que ha inspirado a uno de mis personajes, la Ipomea bona nox; en español, Flor de Luna, justo en la fase de la Luna llena florece bajo el firmamento nocturno expidiendo un embriagador aroma, toda esa noche alcanza su máximo esplendor y se marchita en las primeras horas del amanecer.

¿Extraño nombre para una inmortal?, tal vez, más cuando una vez obtenida ésta condición, los rayos del Sol no le hacen ningún daño, hay muchas contradicciones en su existencia pero al igual que la vida mortal está plagada de ellas y es lo que hará interesante su eterna condena o quizá con el pasar de los siglos, la condena se convierta en agradecimiento o resignación. 

Haciendo a un lado al personaje de ficción, aprovecho para agradecer mi actual estancia en el tercer piso de la existencia humana, me faltan sueños por realizar, lugares por conocer y experiencias por disfrutar, en cuanto a la persona que me inspira, sé que ya se encuentra en buena compañía, sólo me queda desear que lo disfrute el tiempo que tenga que ser; porque, a excepción de mis personajes, nada es eterno y aún así ellos tampoco tienen la inmortalidad asegurada.






domingo, 6 de agosto de 2017

La hija de Zipporah

Charlotte tenía una existencia tranquila en Eversleigh, cuando una mañana regresando de montar su madre la sorprende con la presencia de un invitado gallardo y misterioso: el conde Gerard d' Aubigné, entre los dos le revelarán el motivo de su visita, éste fascinante hombre es su verdadero padre, quiere casarse con su madre y llevárselas a vivir a Francia.

Su vida da un gran giro al pasar de la apacible campiña inglesa a la colorida e intrigante corte del rey Luis XV, conocer a sus hermanastros, hacerse íntima amiga de Lizeth quien es sobrina de Berthe; la eficaz y siempre severa ama de llaves del castillo de Evreux al cual se acostumbraría rápidamente. Sin embargo, un trágico evento ensombrecería a la familia, durante el matrimonio de Luis XVI con María Antonieta de Austria, hubo una celebración con fuegos artificiales en la abarrotada Plaza Luis XV, la cual terminó en un incendio en donde su hermanastra Sophie resulta con graves quemaduras en el rostro, por lo cual, concluye su compromiso matrimonial con Charles de Tourville.

Transcurrido un tiempo razonable, Charlotte contrae nupcias con él ya que se habían atraído desde la primera vez que se conocieron, de la unión nacen dos hijos, por áquellos surgió la lucha de Independencia de las Trece Colonias, Francia dio apoyo militar; de éste modo Charles se une al ejército dejándola sola, al poco tiempo él muere en combate y justo en ese momento reaparece Dickon, el hombre que fue su primer amor.

La situación en Francia se complica continuamente: pésimas cosechas, desafortunadas medidas económicas y malas decisiones políticas serán el caldo de cultivo para el inicio de la Revolución Francesa. ¿Logrará Dickon convencer a Charlotte de dejar el país antes de que se desate la tormenta?

Victoria Holt nos trae esta novela histórica de la serie: las hijas de Inglaterra, escribiendo bajo el seudónimo de Philippa Carr. 




 

sábado, 5 de agosto de 2017

Crónica de una condena (Flor de Luna)

UN BREAK ANTES DEL VIAJE A PARÍS

Ciudad de México, Lunes 07 de Mayo 2012
 12:00 am

Apenas el sábado por la mañana fui por ella al Aeropuerto, siempre nos vemos con emoción cada que nos visitamos en nuestras respectivas ciudades, cada que venía a verme veía el paisaje con especial atención, como si fuera la primera vez, eso me encantaba y lo compartía con ella, maravillarnos aunque ya hubiésemos estado ahí.

Llegamos relativamente pronto a mi departamento en el centro de Coyoacán; una vez adentro, le dio una revisada a su alrededor y sonrió satisfecha:

-No has cambiado nada desde hace ocho meses, me agrada-.

- Me gusta como ha quedado y no he tenido mucho tiempo-.

Subimos a su habitación, desde la primera vez que conoció mi hogar, había elegido ese espacio y lo decoró a su gusto, casi todo era blanco pues es su color favorito, excepto las cortinas y el edredón verde esmeralda, unos alcatraces decoraban la mesa de noche, los había comprado esa misma mañana antes de ir por ella. Mientras la ayudaba a instalarse, se refrescaba y se cambiaba de ropa, le pregunté:

-¿Qué te apetece hacer?-

-Ir a Centro Histórico-

-Nos vamos en media hora-

Nos fascina lo antiguo, no en balde habíamos estudiado arqueología y antropología, nos gustaba la aventura y los viajes, el pasado nos embebía pero no tanto como para no disfrutar del presente. Cuando nos visitábamos, pasar la mayor parte del tiempo juntas era primordial. Pasamos el resto de la tarde en el Zócalo, la Catedral, viendo a los danzantes, en el Museo de la Ciudad de México y para rematar, en el Museo Nacional de las Culturas, todavía alcanzamos la exposición E Tū Ake: Orgullo māori.

Para el día siguiente quería sorprenderla, salimos temprano con cámaras en mano en mi Aveo azul eléctrico, al cabo de un rato me cuestionó:

 -¿Vamos a Teotihuacán?-

-No, espera y verás-

Tomé la Autopista México-Marquesa y luego de casi dos horas de camino llegamos al Centro Ceremonial Otomí, al verlo, puso tal cara de asombro que me sedujo y a la vez me puso alerta, era el momento de lucir mis conocimientos.

Le expliqué a detalle la simbología de la  Plaza Sagitario, El Tahay (mensaje del fuego y de la vida), La Plaza del Coloso, la del Sol, el mural de Sámishy (jaguar que habla y camina) y por último nos entretuvimos con el mural de Dámishy, éste representa en su esplendor la cosmogonía del pueblo otomí.

Después de la sesión de fotos, descansamos cerca de la cascada desde donde contemplamos un impresionante atardecer mientras brindamos con un Merlot, tenía la mirada perdida y la expresión soñadora, al verla así no podía evitar reprocharme, ¿cómo pude creer que no podía ser mi compañera eterna?, ahora surgía otra duda, ¿querrá que tengamos una vida en común?, nunca lo había sugerido pero quizá ya debía averiguarlo y lo haría en su territorio.
 







 

martes, 1 de agosto de 2017

Incertidumbre



Estoy aquí, contemplando a través de un empañado cristal un paisaje sombrío, aun no ha cesado de llover, motivo por el cual mi alma se halla inquieta. El teléfono no ha sonado, me agobia no tener noticias.



Espero con ansia salir de este exilio que amenaza con volverse permanente, mi mente no deja de pensar en ello, pero una vez que suceda… ¿Qué pasará más adelante?, ¿Qué voy a hacer?, ¿Cómo reaccionarán los demás?



Las dudas y la incertidumbre no cesan de invadir mi cabeza una y otra vez, sé que hasta que no enfrente esta situación no me dejarán en paz, ¿Por qué no me llamas?, ¿Qué está sucediendo?, estoy dando vueltas de un lado para otro y ya no sé que más hacer.


Por fin dejó de llover, la noche ha teñido de negro el firmamento, el cielo está despejado, la luna puede apreciarse a plenitud, su luz baña a la perfección el bosque que rodea a esta cabaña, por alguna extraña razón me siento más tranquila aunque no pueda ni podré dormir, sé que éste es el momento que estaba esperando.



Las horas transcurren sin que me dé cuenta, antes de que los primeros rayos que anuncian el amanecer salgan, aprovecho para emprender una larga carrera atravesando el bosque, a mi regreso me subo al techo de la casa para contemplar el despuntar del alba, la mezcla de colores es magnificente, definitivamente dejaría sin aliento hasta al más insensible, justo cuando la luz del día está en todo su esplendor decido entrar.



Al parecer he calculado bien el tiempo, apenas entré y el teléfono sonó, lo contesté sintiendo una inexplicable agitación en todo mi ser, las noticias no son buenas pero tampoco son del todo malas, a pesar de mi desasosiego escucho los informes con la debida paciencia, al cortar la comunicación la inquietud que sentía en un principio ha vuelto con más fuerza, estoy más conflictuada que nunca, necesito hablar con alguien.



Después de darme un baño y cambiarme de ropa he conseguido despejar un poco mi mente, él ya está aguardándome en la estancia, nos abrazamos nerviosamente, tengo la sensación de ha venido por mí para encontrarme con mi destino, ha llegado el momento de hacerle frente, luego de empacar lo necesario, subimos al auto, el camino será largo, ni él ni yo podemos hablar, para mí será más difícil enfrentar lo que vendrá a continuación, pero él no me abandonará y me apoyará en todo momento. 

Estoy absolutamente segura de ello...